EXTRACTO DEL EDITORIAL CORRESPONDIENTE AL PRIMER NÚMERO DE LA REVISTA “EL ENTRENADOR ESPAÑOL”, EDITADO EL MES DE ENERO DE 1965


En este primer número de nuestra revista EL ENTRENADOR ESPAÑOL, no puedo dejar de hacer acto de presencia como presidente del comité Nacional, para felicitarme de su publicación y para afirmar una vez más principios que nos son perfectamente conocidos y que constituyen el sello y la fuerza de nuestra agrupación profesional.



Ha pasado mucho tiempo desde que, a iniciativa del doctor Muñoz Calero, presidente entonces de la Real Federación Española de Fútbol, se convocaron los primeros cursillos de entrenadores que se celebraron en Burgos. A aquel primer cursillo y a su complementario, meses más tarde, acudieron los entrenadores que de costumbre solían figurar al frente de la dirección técnica de los equipos españoles. Fue una conversación rápida de hombres que apresuradamente van en busca de una orientación común. A partir de entonces, los cursos se sucedieron, y aquella iniciación establecida en la Escuela Castellana proliferó por el mapa deportivo de España en una cadena de centros que preparaban para os conocimientos y la obtención subsiguiente del título de entrenador (permítaseme que con toda cordialidad y todo orgullo recuerde al Director de aquellos primeros cursos de entrenadores, José Luis Lasplazas, a cuyo lado colaboré durante tanto tiempo.

Una vez conseguida la titulación de los entrenadores, se imponía su asociación. Fueron constituyéndose las entonces llamadas agrupaciones regionales y, posteriormente, el Comité Nacional. Hoy existe en España una sólida formación de defensa de los intereses profesionales de los entrenadores, que día a día va cobrando prestigio y autoridad. Quien estas líneas escribe está satisfecho de la labor realizada, cuyo éxito se lo dedica, íntegramente a sus colaboradores más antiguos del Comité. Los nombres de Benito Díaz, Enrique de Hoyos, José Luis Lasplazas, como hasta hace unos años los de Eusebio Martín, Ricardo Zamora, Ricardo Blanch y José Villalonga, merecen la gratitud de los entrenadores, por su dedicación a una obra que ha merecido y está a punto de conseguir todos sus frutos. Yo he tenido la inmensa suerte y el inmerecido privilegio de presidirlos. (…).

Ahora tenemos en nuestras manos EL ENTRENADOR ESPAÑOL, que es la revista que nos reunirá a todos y que publicará nuestras inquietudes, nuestros deseos y nuestros proyectos. Pero tened bien presente que se trata única y exclusivamente de una publicación de carácter técnico, de la que, sistemáticamente, serán rechazados todos los trabajos que no representen un comentario de carácter profesional o una noticia de vuestra región que a todos pueda interesarnos. Todos los demás comentarios quedan para la Prensa deportiva especializada, a la que EL ENTRENADOR ESPAÑOL saluda cordialmente y agradece cuanto hace por los entrenadores españoles.

El entrenador admira la labor periodística y acepta su crítica positiva o negativa, en la idea de que ambos, el periodista y el entrenador, están respondiendo a una idea deportiva no siempre comprendida y siempre comprometida.

Hoy, con la televisión, como antes con la radio, el público ve y oye lo que sucede. Las mentiras piadosas a distancia, que antes era un arma para el fútbol como para los toros, no caben. Vivimos de realidades. Y en esas realidades, la más importante de todas será el cumplimiento de nuestro deber.

El Comité Nacional de Entrenadores aprovecha las páginas de EL ENTRENADOR ESPAÑOL para enviaros un saludo muy cordial y respetuosamente saludar a las autoridades deportivas de España, a las que siempre agradece su cordialidad y la aprobación a su tarea.


JESÚS M. DE AROZAMENA
Primer Presidente del Comité Nacional de Entrenadores


 
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