La «Ciudad del Fútbol» Mundial

(Revista nº122, Diciembre 2009)

No pueden caber dudas en torno a la trascendencia del acto y al peso de la RFEF cuando a una cita así acuden medio millar de dirigentes.

El viernes 13 fue un día grande en la historia del fútbol español. La cena de Gala del Centenario de la RFEF lo demostró fehacientemente. Sin medias tintas. Sin que, después, pudieran plantearse interrogantes sobre ello. Ésa noche, enmarcada ya en el Libro de ruta de esta Casa, los más altos dirigentes del fútbol mundial dejaron cuanto tenían que hacer para estar presentes en la Gala. Alguno, como Joseph S Blatter, tuvo que regresar después de la Cena. Otro medio millar se quedaron en Madrid.

Acontecimientos de tal índole conducen inexorablemente al análisis. Y hay que ser puntillosos y cuidadosos con éstos so pena de no atinar como es debido o de pasarse. La presencia en la espléndida, iluminada y feliz, "Ciudad del Fútbol" de Las Rozas de Joseph S. Blatter, presidente de FIFA; de Michael Platini, presidente de UEFA; de Nicolás Leóz, presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol; de Lennart Johansson, que fue presidente de UEFA y ahora lo es de honor; de Julio Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino y de tantos y tantos directivos nacionales e internacionales no es algo que pueda ignorarse.

No debe ignorarse, porque en ello radica gran parte del peso internacional que el fútbol español tiene a nivel dirigente desde hace un buen puñado de años.

Los tiempos en los que España formaba parte de la gran familia del fútbol, pero sin la relevancia a la que debía haber conducido su importancia parecen definitivamente superados. Todos sabemos que uno de los factores para obtener tal relevancia radica en la importancia de los resultados, pero sería demasiado sencillo pensar que son sólo los grandes éxitos colectivos los que conducen a los puestos de influencia. Hay que tener muchas otras virtudes para eso. Y hay que estar dispuesto a asumir, naturalmente, los sacrificios a los que obliga la posición. Sacrificios que no todos estaríamos dispuestos a asumir, que desgastan, que queman fuerzas, que roban horas de descanso, pero que forman parte del decálogo del dirigente. La unanimidad del fútbol al sumarse a las galas del Centenario no admite réplica.

Estaban los que tenían que estar y los que no estuvieron delegaron. Cualquier observador de eso que se llama la realidad auténtica pudo comprobarlo y el tono que todos ellos demostraron con sus palabras, y que se han recogido en este especial del Centenario, lo refuerza por si alguien todavía albergaba la más mínima duda. Jaime Lissavetzky recordó a Joseph S Blatter que España quiere un Mundial y que está preparada para ello; el presidente de FIFA elogió la presencia siempre de la RFEF en las más altas instituciones y piropeó su fútbol, especialmente el de los jóvenes. Platini, a medio camino entre su francés y el español, nos regaló que somos un centenario muy joven y de Grondona surgieron las emocionadas palabras que siempre nos dedica. Con la voz trémula, con los ojos enrojecidos, con el gesto de terciopelo a que nos tiene acostumbrados. "Nunca olvidaremos que estuvimos…". La RFEF, tampoco.

Fue, como cabe deducir, una noche de emociones intensas, mal recogidas con estas palabras que no llegan a explicar lo que fue y con las imágenes de Jorge Fernández y Carmelo Rubio, que son el cuadro de grupo e individual de un día inolvidable. Un día en el que el fútbol y sus mandamases decidieron que había que estar con España en su noche de los 100, tras las paredes iluminadas como si fuese de día de una "Ciudad del Fútbol" que esta vez fue la "Ciudad del Fútbol" mundial.

¡Qué grande!

   
Descargar Revista 
 
  Copyright © 2005 Comité de Entrenadores de la RFEF