¿Cómo mejorar la atención y concentración de los futbolistas?
(Revista nº95, Diciembre 2002)
 Autores:
Morilla, M.; Pérez, E.; Gamito, J.M.; Gómez, M.A.; Sánchez, J.E.; Valiente, M.
Equipo Técnico de Psicólogos del SEVILLA F.C. S.A.D.
Coordinador
MIGUEL MORILLA CABEZAS
e-mail: morilla@correo.cop.es
Introducción
La capacidad para controlar los procesos
de pensamiento, para concentrarse en una
tarea, es una de las claves más importante
para lograr una actuación eficaz en el deporte.
El control mental es por tanto un factor decisivo
en la competición, ya sea esta a nivel
de deportes individuales o de equipo, de base
o de élite.
La concentración es uno de los aspectos
esenciales para alcanzar el máximo nivel para
el que cada deportista esté capacitado. El
componente principal de la concentración es la
capacidad de focalizar la atención sobre la tarea
que se está desarrollando y no distraerse
por estímulos internos o externos irrelevantes.
Los estímulos externos pueden incluir el abucheo
de los espectadores, ese error reciente,
las conductas antideportivas por parte de los
contrarios, etc. Casi todos los acontecimientos
externos desencadenarán un cambio cognitivo
y emocional en el deportista. Ya que esta interacción
se está dando durante todo el tiempo,
los entrenadores y psicólogos del deporte deben
entrenar a los deportistas en hacer frente
a estos eventos bajo situaciones de presión,
tal y como es la competición.
En un intento de cubrir esas carencias de
propuestas prácticas, se aporta esta oferta de
juegos y ejercicios (justificados teóricamente)
con los que los niveles de atención y concentración
de los jugadores se verán mejorados.
1. La atención y concentración.
1.1. Importancia de la Atención y
Concentración en el fútbol.
No cabe duda de que, cuando hablamos de
deporte, cada vez se hace más referencia a
los factores psicológicos o mentales de los deportistas
(también entrenadores, árbitros, etc.).
Uno de estos aspectos psicológicos que se
mencionan, tal vez de los más referidos, es el
de la atención y la concentración. Así, no es de
extrañar que se escuche decir al entrenador,
en innumerables ocasiones, que le ha faltado
concentración al equipo, o entre el público, no
resulta extraño oír el grito de que no están
atentos a la jugada, incluso es habitual escuchar
de los periodistas, cuando narran el partido,
la frase ¡qué bien ha visto la jugada!, haciendo
referencia a la adecuada atención de
un jugador en concreto.
Pero, a pesar de la importancia que le damos
a la atención y a la concentración, importancia
que deducimos del gran número de veces
que se utilizan estos términos, resulta también
evidente que se le dedica muy poco tiempo
a su entrenamiento específico: a)Tal vez
porque son habilidades que ya deberían traer
los jugadores de su casa; b) porque son habilidades
innatas y, por tanto, no se pueden
aprender; o c) quizás porque los propios estudiosos
de estos temas apenas han abordado
el entrenamiento de las habilidades a las que
denominamos atención y concentración, y menos
aún, en los deportistas.
Sea cual fuere la respuesta -y tal vez para
cada caso concreto pueda ser una diferente, o
las tres simultáneamente- es obvio que dada
su importancia se necesitan estudios más específicos,
tanto de tipo conceptual (para definir
más claramente lo que se entiende por estas
palabras), como de índole aplicado, (para desarrollar,
mediante entrenamientos sistemáticos,
las capacidades de atención y concentración
de las diferentes personas, y de manera
especial de los propios futbolistas).
Ése es nuestro intento, en su doble vertiente
-teórica y aplicada-, teniendo en cuenta que la
atención y la concentración no son aspectos
deslindados de otros, también muy aludidos,
como la fatiga, la motivación, los pensamientos,
las emociones, etc. Pero dado que abarcar
todos estos conceptos psicológicos nos llevaría
a un amplio manual de Psicología del
Deporte, hemos decidido concentrarnos en estos
tópicos, aún a sabiendas de que se ven
afectados y afectan a otros procesos mentales.
1.2. Definición.
El término atención procede del latín, como
muchos vocablos castellanos, y se refiere a
tender hacia, implicando una tendencia o propensión
del sujeto a entrar en contacto (visual,
auditivo, táctil, cerebral, etc.) con algo en concreto,
sea ese algo muy particular y específico
(concentrado en ello) o más amplio o genérico
(atento o alerta a lo que ocurre).
Parece que hay cierto acuerdo entre los especialistas
en la existencia de diferencias individuales
en cuanto a las capacidades atencionales
(estilos atencionales), aceptándose bases
biológicas y genéticas. Pero nosotros
apuntamos la más abordable desde la faceta
del entrenador; lógicamente nos referimos al
factor aprendizaje, que indudablemente media
entre una situación de partida y otra en continua
progresión. Es ahí donde incidiremos con
la planificación y confección de las actividades
acordes con nuestra modalidad deportiva (en
nuestro caso el fútbol) (Morilla, 1995).
El componente principal de la concentración
es la capacidad de focalizar la atención sobre la
tarea que se está desarrollando y no distraerse
por estímulos internos o externos irrelevantes
(Schmid y Peper, 1991) . Esos estímulos
exteriores y no significativos pueden contemplar:
las manifestaciones de los espectadores,
provocaciones de los adversarios, instruccio -
nes desde banquillo contrario, por ejemplo.
Los otros estímulos, los internos, hacen referencia
a ese auto-diálogo a veces negativo:
"lo mal que me van a salir las cosas", "lo mal
que me va a tratar el árbitro", "la sensación de
pesadez que tengo en las piernas", " lo rápido
que late mi corazón", etc.
Pero curiosamente el intentar concentrarse
puede provocar una falta de concentración. La
concentración implica focalización y no el pretender
provocar una atención intensa sobre
una actividad (por ejemplo: la secretaria que
se concentra excesivamente en las teclas del
ordenador tras algunos errores; posiblemente
perderá velocidad).
La concentración es una destreza aprendida,
de reaccionar pasivamente o de no distraerse
ante estímulos irrelevantes. La concentración
también significa el estar totalmente aquí
y en el ahora, en el presente (Schmid y Peper,
1991).
Según lo anteriormente expresado la concentración,
al ser una destreza, es susceptible
de mejorarse y desarrollarse por la práctica.
Será por tanto labor del entrenador enseñar a
sus deportistas a disminuir la atención hacia
estímulos irrelevantes y/o aumentarla hacia estímulos
relevantes de cara al rendimiento.
2. El foco de atención y los estilos
individuales
La teoría sobre la atención más utilizada en
Psicología del Deporte es la propuesta por
Nideffer en 1976. En este trabajo seguiremos,
básicamente, dicho modelo sobre los estilos
atencionales, pero añadiéndole a su conocida
clasificación de los focos atencionales el factor
temporal de la concentración, aspecto éste
que si bien es mencionado en muchas ocasiones
como problema atencional -por ejemplo,
cuando decimos que no han mantenido la concentración durante los últimos minutos-, no es
tratado, habitualmente, de forma simultánea
con el factor espacial.
En este sentido, y aunque pudiéramos rozar
otros tópicos de la psicología (ya dijimos que
no son deslindables, excepto para un más fácil
análisis), qué duda cabe que si un deportista
está atendiendo a lo que pasó -por ejemplo, al
gol que le acaban de marcar-, como a lo que
podría pasar -si marca su equipo dicho gol-, no
estará concentrado en los aspectos relevantes
de la jugada en que está, con los consiguientes
problemas de ejecución y efectividad.
Con todo, debemos decir que, si bien hay
que atender a todo lo posible -ya que es imposible
atender a todo y en todo momento-, mediante
una atención de tipo amplia o general,
es muy conveniente concentrarse en algo en
particular en una situación concreta, en aquello
que verdaderamente es relevante -foco estrecho-,
y ya que los extremos son generalmente
inadecuados, es conveniente aprender o saber
cambiar de foco adecuándolo a las circunstancias.
Pese a ello, y en un intento de clasificar los
diferentes lugares y momentos en los que fijamos
nuestra atención, hemos realizado una
clasificación -en gran parte basada en la de
Nideffer (op.cit.)-, que ha de entenderse como
dicotómica en nuestro escrito, pero como un
continuo en cada persona y situación, de manera
que, ni nadie es siempre de una forma, ni
nadie atiende siempre -en todo momento y lugar-
de forma general ni de manera particular,
ya sea al entorno o a sí mismo, pese a que podamos
establecer unos estilos, más o menos
estables, en la forma de atender de cada jugador.
2.1. Estilos atencionales.
Al hablar de estilo atencional nos estamos
refiriendo al hecho de que, generalmente, una
persona suele atender unas cosas y no otras,
o en unos momentos y no en otros, o más o
menos tiempo, etc.
Así, y como nos comenta Nideffer (op. cit. ),
las investigaciones han mostrado las diferentes
capacidades de los distintos sujetos para
atender de una u otra forma, y, si hacemos un
estudio longitudinal -a lo largo de un período
de vida de una persona- en situaciones similares,
podremos llegar a decir que tal persona
suele estar mas atenta a los diferentes elementos
del campo, mientras que otra suele
concentrarse en algunos aspectos concretos,
es decir, que en el primer caso hablaríamos de
que E S un futbolista atento o concentrado.
Pero, dado que resultaría imposible atender a
todo, es normal que se seleccione, como ya
comentamos, siendo la selección de cada persona
diferente, y si regularmente suele atender
a su propio cuerpo, solemos decir que es una
persona ensimismada, y no está atento a la
evolución de la jugada.
En cambio, si suele atender de forma regular
a la trayectoria del balón y de los contrarios,
solemos decir que ES atento pero que no cayó
en la cuenta de que su ESTADO corporal al final del partido y tras jugar el miércoles la copa,
no le permitió llegar al balón -en ese momento
y lugar-, con lo cual, no seleccionó bien la jugada,
pues debió elegir el pase en largo y no
la jugada individual de contraataque.
En cualquier caso, los extremos de los diferentes
focos son, generalmente, poco adecuados,
siendo, en general, más conveniente saber
cambiar el foco de atención en cada momento,
y es que como nos comentan Weinberg y Gould
(1995), en el transcurso de un evento, a menudo
hace falta cambiar el foco atencional.
De esta forma podremos decir que lo ideal
sería ajustar nuestro foco de atención a la situación,
tal y como hará un cámara al ajustar
su foco en el momento preciso y hacia el lugar
adecuado (es decir, no sólo debemos utilizar
las diferentes técnicas para atender adecuadamente,
sino que también debemos saber usarlas
en el momento adecuado, tácticamente hablando).
Sin embargo, es también cierto que para
aprender una determinada técnica -en nuestro
caso de atención- conviene entrenarla de forma
lo más regular posible, sin muchos cambios,
e ir introduciendo paulatinamente los diferentes
elementos para que el sujeto pueda
conseguir cambiar de foco en el momento/lugar
precisos. Con ello no queremos decir que
lo ideal sea no tener estilo -nada más lejos de
nuestra intención-, sino adecuar nuestro estilo
a cada situación, para lo que debemos estar
capacitados.
Y es que, según Csikzsentmihalyi (1975),
los mejores niveles de ejecución se consiguen
cuando los deportistas se sitúan en una zona
de energía óptima caracterizada porque la
atención está totalmente dirigida al proceso de
ejecución y a nada más, es decir, focalizada
en los factores relevantes, y alejada de los
pensamientos negativos y de otras formas de
distracción que deterioran la ejecución, como
nos comentan Guallar y Pons (1994).
Nosotros añadiríamos que, para conseguir
esto es necesario, en primer lugar, evaluar las
capacidades del deportista, para descubrir sus
problemas (concretos de esa persona en dichas
situaciones) y así poder entrenar sus capacidades
de forma que se puedan solucionar
sus problemas en un futuro.
3. Evaulación
Hasta ahora, y tras intentar definir lo que entendemos
por atención y concentración, así
como analizar aquellos aspectos que intervienen,
nos resta hacer una revisión de los procedimientos
para evaluar dichos elementos, y es
que como proponen Guallar y Pons (1994), para
poder ayudar a un deportista a entrenar su
capacidad de atención, con el objetivo de mejorar
su rendimiento deportivo, es necesario
partir de una evaluación de su nivel atencional,
es decir, necesitamos saber si el deportista tiene
o no una buena capacidad atencional.
No obstante, y teniendo en cuenta que deberíamos
atender a la evaluación de todos los
aspectos posibles, o sea, cuántos elementos
atiende, dónde atiende, cuánto tiempo y en
qué dirección temporal, y dado que evaluar todo,
resultaría muy difícil, al menos a la vez, es
por lo que debemos evaluar cuantos más aspectos
mejor.
Y si además de tener que evaluar todos estos
elementos, tenemos en cuenta que un mismo
futbolista no siempre hace lo mismo, es decir,
va mejorando -o deteriorando- su capacidad
atencional en según qué momentos y según
qué circunstancias, la evaluación que realicemos
deberá ser lo más continua posible.
Todo ello sin olvidar que debemos evaluar no
sólo su estado -muy variable en función de
muchas circunstancias posibles-, sino también
su estilo -es decir, su forma de atender más regular
a lo largo del tiempo.
Vemos como la evaluación puede ser bastante
compleja, a no ser que seleccionemos algún/
os de los aspectos posibles, para lo que
deberemos definir, previamente, un objetivo de
la evaluación.
Hemos distinguido diferentes procedimientos
o formas de evaluación, en función de la
persona de la que proviene la información; así
podemos distinguir:
1. los informes verbales que realiza el propio
jugador, desde su propia perspectiva; y...
2 . los informes que realizan otros que observan
a esa persona, es decir, desde otro
punto de vista, y no sólo otro punto de vista
psicológico, sino incluso físico, pues poseen
una perspectiva distinta.
Debemos entender, como dice la sabiduría
popular "que nada es verdad ni mentira, sino
que todo es según del color del cristal con que
se mira", o dicho de otro modo, dado que existen
diferentes colores y pueden verse diferentes
gamas, cuantos más puntos de vista se
tengan -en un símil futbolístico, cuantos más
ángulos-, mejor se podrá evaluar el estado y la
capacidad, y por tanto, mejor se podrá hacer
referencia a los aspectos a entrenar, según los
diferentes problemas encontrados.
Por último, debemos mencionar que la clasificación
que acabamos de exponer atiende a la
persona que realiza el informe, si bien es cierto
que podríamos haber clasificado los diversos
métodos de evaluación en función de qué es lo
que se trata de medir; por ejemplo, la ejecución
o acción del deportista observable por
otra persona (hacia dónde mira, cuánto tiempo
atiende, etc.) o su pensamiento, entendido como
una acción no observable por los demás, y
todo ello entendiendo que el cuánto puede ser
espacial o temporal y que la dirección puede
ser también espacial -hacia dónde- o temporal
-hacia cuándo-.
Este tipo de clasificación puede tener su utilidad,
dado que lo que pienso puede afectar a
lo que hago y viceversa -es decir que pueden
ser interdependientes-. De hecho, pensar es lo
conveniente sólo en ocasiones, siéndolo en
otras no pensar mucho (siempre y cuando estemos
preparados y capacitados para hacerlo
automática y correctamente).
3.1. Informes verbales del propio sujeto.
Hace referencia al informe verbal que realizan
los propios futbolistas. Podemos distinguir
entre los informes:
1. Muy estructurados; como serían, por ejemplo:
los cuestionarios o test estandarizados;
y los...
2. Menos estructurados; tales como las entrevistas,
más o menos formalizadas.
3.2. Informes que realizan otros.
No sólo el deportista puede informarnos de
sus propias acciones. También es conveniente
la información proveniente de otros (... puntos
de vista), pudiéndose juzgar mejor la forma o
el estilo de atender de una determinada persona
en una situación concreta -o en general, a
lo largo de su vida-. Estos informes también
podemos clasificarlos en dos formas posibles,
los muy estructurados y los menos estructurados,
siempre entendiendo que entre los extremos de la clasificación hay un continuo de fórmulas
intermedias.
3.3. Evaluación de la eficacia de las acciones.
Una cosa es evaluar cómo atienden los futbolistas
en una situación concreta, es decir, su
forma de atender a dicha situación -aunque
podemos evaluar también su estilo, o forma regular
en el tiempo-, y otra cosa es ver la eficacia
de esa forma de atender en un momento
dado, según unos criterios de eficacia previamente
establecidos.
Debe distinguirse la forma -técnica- en que
golpea el balón en una jugada concreta, del resultado
de dicha acción -eficacia o no-, pudiendo
analizar la técnica concreta del futbolista
para una jugada específica o su técnica, en
general, durante toda su vida deportiva -y la
eficacia o no de su forma de jugar o estilo de
juego. En este sentido podemos evaluar no sólo
la forma en que lo hace (la técnica atencional
que emplea), sino si la emplea adecuadamente
a la situación del momento o no -la táctica-,
pudiendo emplearse muchas técnicas posibles,
según el momento.
Pese al hecho individual, también podemos
señalar que, por lo general, unas formas suelen
ser más eficaces que otras, por lo que el
jugador deberá estar capacitado -entrenadopara
el empleo de diferentes técnicas o formas
de atender, y para ser lo suficientemente flexible
en su aplicación de manera que adapte su
plan previo -estrategia- a la situación -tácticacon
la técnica más apropiada, pues de otra forma,
el resultado de la acción no será efectivo.
Lo que queremos decir es que una cosa es
la forma de hacer las cosas y otra el resultado,
pues si bien es cierto que nuestras acciones
siempre tendrán consecuencias, lo que hay
que procurar es que esas consecuencias sean
positivas -eficaces- para uno mismo, y no para
el contrario, y para ello debemos ajustarlos el
criterio de eficacia establecido (en muchos deportes
el marcar un gol o el ganar el partido).
Estos criterios de eficacia a los que ajustarse
suelen estar bien especificados -en el reglamento-
o en la esfera de lo físico-biológico o
mecánico, debiendo ajustarlos con la fuerza
adecuada, con los parámetros biológicos acordes.
Pero no sucede igual en la esfera de lo
psicológico, o incluso lo social, pues... ¿cuál es
el criterio de éxito: jugar bien o ganar?, ¿qué
elemento hay que atender?, ¿cuándo?, ¿cómo?
¿cuál es el criterio a utilizar... de eficacia?
Ya mencionamos anteriormente que debe
ajustarse a la situación, pero en ésta también
entran en juego personas como el entrenador,
el directivo, el público, etc., y no es que el jugador
no atienda, como dijimos, sino que está
atendiendo a lo que no es relevante, por ejemplo,
al pasado, al futuro, a sí mismo, a los
otros, etc. De esta forma, habría que hacer
que el deportista se ajuste a los criterios de,
por ejemplo, el entrenador, o si fuese necesario,
cambiar los criterios del entrenador, antes
de que cambien al entrenador, con sus criterios,
y entre otro preparado, con otros criterios.
Con todo, un deportista debe estar capacitado
para todo lo posible, y seleccionar la forma
adecuada de atención en cada momento
(cuestión esta que también puede entrenarse),
de manera que llegado el momento tenga la
posibilidad de ponerlas en práctica de forma
adecuada con el criterio establecido.
La mejor forma de poder entrenar aquello
que aún falta es evaluar las capacidades y modos
concretos de atender de un determinado
deportista, dejando lo menos posible (porque
no dejar nada sería imposible) a la improvisación,
intuición, criterio personal, etc. del evaluador
y detectar así los problemas de atención
más comunes en cada deportista (y sus
buenas maneras, que también hay que mencionarlas
en la evaluación).
4. Ejercicios para la mejora de la
atención y la concentración
La demanda de atención que se le solicita a
un jugador de fútbol es muy alta, y lo que es
peor, en muchas programaciones de ejercicios
futbolísticos se olvida el trabajar específicamente
ese aspecto tan importante como es el
de la atención y concentración en el juego
(Morilla, 1995).
El entrenador debe tener presente que puede
entrenarse sistemáticamente al deportista a
familiarizarse con aquellos estímulos propios
de los partidos y a controlarlos, de tal forma
que no supongan estímulos que distraigan la
atención ante aquellos otros aspectos más relevantes
(Morilla, 1995).
En la competición futbolística se dan unas situaciones
muy ricas en estímulos. El futbolista
intentará en todo caso prestar una atención selectiva
a lo importante para él. Así, por ejemplo,
prestará gran atención al jugador que se le asignó
para su marcaje; éste a su vez representa un
conjunto de estímulos en movimiento (color de
la camiseta, dorsal, rasgos faciales), aspectos
todos que lo diferencian de otros jugadores.
Pero de manera simultánea el jugador debe estar
atento a los movimientos de sus compañeros
(situación de la línea defensiva, posibilidad
de coberturas, apoyos al poseedor del balón). E
igualmente debe discriminar de entre todos los
sonidos, la voz de su entrenador, que en momentos
determinados puede lanzar instrucciones
técnicas para él. Y por supuesto nunca debe
olvidar el estar centrado en quizás el estímulo
más importante, el balón (Morilla, 1995).
En definitiva, intentar minimizar las novedades
del ambiente competitivo para así evitar la
reducción de la calidad de la ejecución. Sería
por tanto labor del entrenador programar situaciones
simuladas de competición en la que
practiquen destrezas físicas, apareciendo estímulos
externos que son frecuentes en los partidos
(Morilla, 1995).
En el adiestramiento de habilidades fundamentales
para la práctica del fútbol, a nivel técnico,
a nivel táctico o a nivel estratégico, suelen
utilizarse, cada vez más, situaciones cuya
semejanza respecto de las competitivas sea
máxima. El entrenamiento integral se fundamenta
en esta premisa, pretendiendo que los
deportistas que aprenden o mejoran alguna
destreza en los entrenamientos sufra el menor
cambio posible cuando compitan y su rendimiento
sea el máximo posible. Si aunamos estas
dos ideas (posibilidad de desarrollo de la
capacidad atencional y conveniencia de integrar
las habilidades a ejecutar en ambientes lo
más semejante posible a los de partido), nos
surge la necesidad de encontrar "recetas", herramientas,
ejercicios en definitiva, que cumplan
estos requisitos.
En un intento de cubrir las necesidades surgidas,
se aporta esta propuesta, con los que los
niveles de atención y concentración de nuestros
jugadores se verán beneficiados, y cuya eficacia
ha sido contrastada con su uso por los autores
del presente libro. Es importante aquí recordar
que los frutos de la utilización de estos tipos
de ejercicios siguientes ejercicios no se recogerán
(como todo en el deporte) a corto plazo. Se
aconseja desde aquí una ejecución constante y
sistemática de los mismos y su integración dentro
de la planificación de la temporada.
Ni que decir tiene que la tarea encomendada
ha de insertarse en la temporalización general
del trabajo, a nivel de macrociclos, evitando
así que se constituya en un "bloque específico"
o "periodo específico" de entrenamiento
atencional.
Queremos reconocer, por otra parte, que algunos
de estos ejercicios son más o menos
conocidos. Aunque parte de los propuestos
han sido diseñados a propósito, con el objetivo
que se persigue, probablemente otros ya os
sean conocidos, e incluso alguno de vosotros
los habrá utilizado en alguna ocasión. Sin embargo,
es probable que se haya pasado por alto
la carga psicológica de los mismos. Por ello,
hemos llevado a cabo una selección de aquellos
más relevantes en cuanto al factor atencional
y sus implicaciones.
En este trabajo, vamos a exponer una serie
de ejercicios para fútbol, cuyos objetivos van a
ser los siguientes:
• Mejorar la capacidad de Atención y
Concentración ante estímulos específicos.
• Minimizar al máximo la novedad de estímulos
novedosos (propios de la competición),
facilitando la toma de decisiones.
• Desarrollar estrategias personales de
Atención y Concentración.
• Optimizar la capacidad de atención y concentración
con una sobreexigencia atencional
y posterior requerimiento de discriminación
selectiva.
4.1. Recomendaciones a la hora de programar
los ejercicios y juegos de Atención y
Concentración
• Convendría que este tipo de ejercicios fueran
introducidos por el entrenador poco a
poco y con la progresión lógica.
• Hay que dar significado a este tipo de actividad.
Explicar a los jugadores el por qué
de su planificación.
• Para estar atento y concentrado, se requiere
cierto grado de frescura. Aspecto este a
tener en cuenta. Intentar no programar gran
cantidad de ejercicios de este tipo en una
misma sesión.
• El entrenador debería tener en cuenta el requerimiento
físico que demanda algunos
ejercicios de este tipo, respetando en todo
caso:
– Las recuperaciones lógicas entre ejercicios.
– La dinámica de las cargas fijadas para la
semana de entrenamiento.
– El posible agotamiento que pueda suponer
la intensidad de la actividad.
• Hay que reforzar las conductas adecuadas
de los jugadores.
• Motivar siempre a los futbolistas:
– Mostrándose animoso (eso es contagioso).
– Elogiando su actitud.
– Señalándoles sus progresos.
4.2. Posibles variantes para los ejercicios
• Comenzar con ejecuciones tranquilas y
posteriormente ir aumentando la velocidad
de ejecución.
• El entrenador puede introducir determinadas
consignas que impliquen cierta distracción
para los futbolistas.
• Esas consignas o instrucciones técnicas o
tácticas podrán provenir de lugares cercanos
al deportista, pero el entrenador puede optar
por ir alejándose paulatinamente a fin de forzarle
hacia una orientación selectiva ante los
estímulos auditivos (voz del entrenador).
• El entrenador podrá proponer en cualquier
momento la presencia generalizada de voces,
consignas, solicitudes, de los ejecutantes
a fin de crear mayor bombardeo de estímulos
que provoquen, por otro lado, un mayor
esfuerzo por parte de los futbolistas en la
focalización de la atención en aquellos aspectos
relevantes de su tarea.
• En cualquier caso y siempre que el entrenador
lo estime oportuno se podrán combinar
objetos propuestos (petos, pivotes, pegatinas
numeradas) con otros no propuestos
(pelota tenis, balón de rugby, etc) a fin de
crear ciertos desequilibrios a nivel cognitivomotor,
a los que seguirán intentos de adaptaciones
ante estímulos novedosos.
• Por último, puede resultar interesante que el
entrenador proponga a sus jugadores que
éstos aporten posibles variantes a esos ejercicios.
Ello dará mayor riqueza y variedad a
esas actividades a la vez que brindará a los
futbolistas la ocasión de sentirse participes
de su entrenamiento.
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